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NBCH: ¡Afuera!

Clientes cautivos y libre competencia: el gobierno nacional quiere quitarle a las provincias el monopolio de los sueldos de la administración pública, un negocio de miles de millones en manos de un solo actor. El pedido de la Secretaría de Industria y Comercio del Ministerio de Economía se basa en una recomendación de la Comisión Nacional de Defensa a la Competencia (CNDC), que concluyó que “el actual sistema beneficia a un solo banco al imponer a los municipios y otros organismos públicos el uso exclusivo de sus servicios para el pago de sueldos”. Desde 1993 el NBCH tiene la prerrogativa de actuar con carácter exclusivo como agente financiero, pagador, recaudador y depositario de fondos y valores de la Provincia del Chaco, dentro y fuera del territorio. En 2015 prorrogó ese poder por 20 años, hasta 2035.  La normativa afecta a los empleados públicos pero también a los prestadores del sector privado que para ser proveedores del Estado tienen la obligación de contar con una cuenta e...

Hay que darles tiempo

En la década de 1960 Arturo Jauretche creó una categoría social argenta basada en los rasgos psicológicos de sus exponentes: el “medio pelo” (en adelante, “mediopelo”). Más que un abordaje sociológico o de antropología lingüística, el suyo está atravesado por una filosofía política novedosa que se encuadra en otra categoría de su cosecha: la “colonización pedagógica”. Lo que estoy buscando -tendría que haberlo dicho desde el principio- es una categoría jauretcheana que le acomode al votante de Milei y de Zdero.  En su libro “El medio pelo en la sociedad argentina”, el autor, que reniega de la división marxista de clases, dice que el mediopelo “intenta fugar de su situación real en el remedo de un sector que no es el suyo y que considera superior”. El mediopelo se solapa entre la burguesía en ascenso y los desclasados de rancia alcurnia. Según esta visión -recordemos, de la década del ‘60, cuando la desocupación probablemente oscilaba entre 2,7 y 4 por ciento-, no hay mediopelos de ...

Salta la liebre y se escapa la tortuga

El discurso de Milei en Davos tenía como destinatarios a los matones del planeta, que nombró uno por uno, desde Donald Trump y Víktor Orbán hasta Giorgia Meloni, Benjamín Netanyahu y Elon Musk. Eligió el “wokismo” como campo discursivo porque era el único en el que no quedaba, como el resto del mundo, atorado por las barreras físicas y arancelarias de Trump, y tampoco quería mostrarse como un apólogo del libre mercado frente a la hoja de ruta proteccionista de la nueva administración estadounidense.  Pero sus palabras también produjeron el rechazo categórico de amplios sectores en Argentina. Desmovilizados los sindicatos, extraviados los partidos de la oposición, destractorizados los terratenientes y uberizados los trabajadores informales, logró juntar a todos sus adversarios para dar una pelea que, igual que ocurrió con la defensa de la educación superior, tiene muchas chances de perder.  Cabe recordar que las conquistas sociales que el presidente atacó en Davos tienen un lar...

Praxis y evasión

Si hay algo de lo que nos seguimos jactando los peronistas es de tener doctrina. No importa mucho la literalidad del concepto. Tener doctrina es dominar el mundo de las ideas y el de los valores.  Frente a la derecha tradicionalmente fuimos moralmente superiores, desde los luminosos trabajos de FORJA en la década del ‘30 -jóvenes yrigoyenistas que la vieron 15 años antes- y desenmascararon las políticas imperialistas inglesas, y La Comunidad Organizada (una síntesis superadora con profundo sustento filosófico), hasta la Década Ganada, un repertorio de lo que posteriormente se conocería como cultura “woke” que habilitó importantes conquistas de las minorías. El problema es que seguimos creyendo que somos moralmente superiores cuando se nos escapó la tortuga en todos los frentes. Nuestros héroes son siempre intelectuales (término que don Arturo Jauretche despreciaba), académicos y divulgadores que hablan difícil (me cuento, con mis limitaciones, dentro de ese ominoso último grupo). Y...

Meritocracia militante

Empecé a militar en los ‘80 en Villa Ballester. No recuerdo cómo llegué a esa Unidad Básica, pero eran las cinco de la tarde y los viejos que tomaban mate alrededor de la mesa hicieron silencio, me examinaron, y después de mi presentación me pidieron un par de días para pensarlo. En verdad no tenían nada que pensar. En poco tiempo había arrastrado a un montón de amigos y amigas al local llenando de vida la solemnidad monástica de aquél cuchitril. Enseguida comencé a asumir responsabilidades, a organizar las actividades de “la juventud”.  Me dieron la llave del local y me convertí en el enlace con el “secretario general”. Pintábamos murales en los jardines de infantes, hacíamos obritas de teatro en las plazas y llenamos dos colectivos para un acto de la interna Menem-Cafiero en una época en la que no se militaba por un contrato. Una de mis compañeras, hoy fallecida, era la nieta de Rodolfo Walsh.  De más está decir que la gente opinaba de la política lo mismo que ahora. Y no er...

¿Qué interna?

Leí en algunos medios paraoficiales, repetida hasta el cansancio, la frase “interna peronista”. Es la primera señal que me hace sospechar. ¿Qué interna? Es una exageración elevar a una facción minoritaria del peronismo a la categoría de adversario interno, de fuerza volcánica que clama por derramar el escarmiento incandescente sobre los tibios. ¿“Coquismo” versus “ayalismo”? ¿En serio? A Magda Ayala no le dan ni los votos en comicios regulares ni en el contexto del Consejo Provincial para bancar un conato secesionista. Discutirlo en la prensa financiada por el gobierno sólo empeora las cosas. Por eso el partido fue categórico al rechazar la discusión sobre una interna el mismo día que se vencían los plazos, y además adelantó que cuando se pongan a consideración los cargos partidarios no se hablará de los electivos. La respuesta de Ayala fue: “O vamos todos con el sello del PJ, o no va nadie”. ¿Irá a la Justicia? No está en debate si la aparateada del partido elude el problema de fondo,...

Fingir demencia

Antes de asumir en diciembre de 2023 Leandro Zdero advertía: “Nos dejan una bomba de mecha corta”. No reconocía ningún logro preexistente, sólo destrucción. Un año y pico después hay evidencias de que las bombas se las puso solo.  El estridente fracaso de su gestión tiene un mito de origen: la promesa de que con una administración austera y dejando de financiar a los “gerentes de la pobreza” todo se iba a arreglar.  Él y quienes lo acompañan contaban con información privilegiada porque habían sido legisladores durante más de quince años. Se podrían escribir enciclopedias con sus saberes sobre el funcionamiento del Estado. O sea: no podían fingir demencia. Y aún así demostraron que no estaban preparados ni para desactivar un chasquibum.  A los piqueteros los desmovilizaron pero los siguieron financiando a través de nuevos programas. A los docentes les hicieron lo que quisieron, igual que al personal de salud. A los policías les acaban de entregar 75 uniformes nuevos. ...